Getaria: un ratón en mi memoria

Fue una excursión del colegio, he olvidado la edad que tenía, pero sé que ha pasado mucho tiempo para mantener detalles claros. Sin embargo hay algo que recuerdo con claridad, la sensación de que algo me había gustado, de que algo en aquel lugar había hecho que un día como otro cualquiera pasara a ser un día para no olvidar. Esa es la última vez que recuerdo haber estado en Getaria.Ratón de Getaria

Por eso en mis visitas a Donosti durante 10 años, Getaria estaba en mis planes. Venía a San Sebastián un fin de semana y quería aprovechar la ocasión para volver al Ratón, a ese sagutxu en el que estuve de pequeña. Pero nunca volví. Un sábado y un domingo era poco tiempo para salir de la capital. Es lo que ocurre cuando vas de ciento en viento a tu ciudad, que tu agenda está demasiado completa como para salirte del guión.

Pero ahora el tiempo es mi mayor tesoro y  lo invierto en quitarme espinitas clavadas del pasado, entre ellas, volver al Ratón. Y lo he hecho este fin de semana.Puerto y ratón de Getaria

Me habían advertido ya que en Getaria el tema del aparcamiento estaba bastante complicado, pero tuvimos suerte y aparcamos el coche en uno de los pocos espacios gratuitos que hay en el municipio, muy cerca del Museo Balenciaga que, a pesar de llevar ya un año abierto, para mí es como si lo hubiesen inaugurado ayer mismo (también lo he visitado, por supuesto, pero de ello hablaremos en otra ocasión).Exterior del Museo Balenciaga de Getaria

El caso es que nada más llegar ya se puede palpar la esencia de su historia o, al menos, la de sus paisanos más ilustres. Un artista como Cristóbal Balenciaga, que tiene ya un centro museístico dedicado a su persona, y un marino, Juan Sebastián Elcano, cuya hazaña, dando la primera vuelta al mundo como sucesor de Magallanes, está representada en la estatua que luce frente al Ayuntamiento desde 1881, obra del escultor Ricardo Bellver.Estatua de Juan Sebastián Elcano en la Plaza del Ayuntamiento

Desde ahí, desde Juan Sebastián Elcano, empieza nuestro recorrido por el casco histórico. Un paseo entre callejuelas donde se perciben los vestigios de la Edad Media y donde cada edificio tiene una historia que contar. Algunos de ellos góticos, como las casas de la calle San Roque que albergan hoy un hotel, o la Iglesia de San Salvador, declarada Monumento Nacional. Éste último es uno de los edificios más emblemáticos de la villa y más representativos de esta época, ya que antiguamente cumplía funciones de muralla.

Fachada de la Iglesia de San Salvador en Getaria
Iglesia de San Salvador en el casco histórico de Getaria. Fotografía de Turismo Gúipuzcoa

Pasear por las calles de Getaria es además un derroche de gastronomía, de barras repletas de pintxos que nos piden a gritos ser degustados con un buen txakoli. Podemos sentir el calor de las brasas que se preparan para elaborar los mejores pescados. Besugo, rodaballo o rape. Txitxarro, dorada o lubina. Bajar hasta el puerto atravesando el casco histórico es una verdadera explosión para lo sentidos del olfato y del gusto. Es un recorrido por la tradición pesquera de la localidad.Barra de pintxos y vaso de txakoliPero una vez superada la tentación, o después de haber caído en ella, atravesamos el puerto para llegar hasta el protagonista de Getaria, su ratón, el Monte de San Antón, aunque casi nadie lo conoce por su nombre. Podemos subir por él a pie en un precioso paseo, con vistas al mar, que nos llevará hasta el faro.

Faro del Monte de San Antón en Getaria

Faro del Monte de San Antón en Getaria. Fotografía de Turismo Guipúzcoa

Un lugar desde el que divisar la localidad al completo con sus dos playas, la de Malkorbe y la de Gaztetape. Un lugar en el que apreciar desde la lejanía la esencia pesquera y medieval del municipio, que contrasta con la modernidad de edificios como el del Museo Balenciaga. Un lugar en el que respirar hondo y simplemente disfrutar del entorno.

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3 pensamientos en “Getaria: un ratón en mi memoria

    • ¡Gracias Begoña! Me alegra saber que te ha gustado.
      A mi también me encanta Elantxobe. Uno de mis favoritos de la costa bizkaina, que por cierto está apunto de celebrar sus fiestas del Carmen.
      Un abrazo

  1. Pingback: El Museo Cristóbal Balenciaga se viste de verano | Camino de Donosti

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