De mascota un delfín llamado Pakito

¡Cómo me gustaba ir al puerto a pensar en mis cosas! ¡Cómo me gustaba dar un paseo por la Bahía para acabar en el puerto, mirando al horizonte! Me relajaba, me hacía desconectar cuando estaba nerviosa o preocupada por algo. Me hacía no pensar en nada.  El Aquarium a un lado, la isla Santa Clara de frente, y en mí un único objetivo, localizar a Pakito. Era eso lo que hacía que mi mente se quedara en blanco, que se marchara cualquier preocupación y que mi cabeza no pensara en nada. Era eso, mi ilusión por poder marcharme a casa ese día habiendo visto a Pakito.

El delfín Pakito en Pasaia

Pakito el 13 de Junio de 2004, después de haberse trasladado a la bahía de Pasaia. Foto de Peio Etxekar

Desde muy pequeña mi obsesión han sido los delfines. Yo no quería un perro como todos los niños, aunque mis abuelos tuvieron uno al que quise como mi mascota, Brinquer se llamaba. Ni tampoco un gato, aunque tuve uno, Spike, que se dormía a los pies de mi cama. Ni siquiera quería un pez, un pájaro o una tortuga. Ni tampoco un hamster, pese a que se puso de moda y todos mis compañeros de clase tenían uno. ¡Yo quería un delfín!

Pero la inocencia infantil no me hizo vivir a ciegas. Era muy consciente de que nunca podría tener un delfín como mascota, a no ser que de repente me convirtiera en sirena, lo cual también sabía que jamás ocurriría.

Pero en 1998, a mis 15 años de edad, un delfín apareció en la Bahia y se quedó a vivir con nosotros. Por eso quizá el puerto me gustaba tanto. Por eso y porque  me encantaban, y me encantan, las karrakelas, y todavia sigo considerando que no hay mejor placer que sentarse frente a la Bahia con un cucurucho repleto de ellas. 

El delfín Pakito dando un salto frente al Aquarium de San Sebastián

Foto del Diario Vasco

Como el que come pipas esperando a alguien, yo comia karrakelas esperando a mi mascota, a Pakito, porque no era la mascota de los donostiarras, no, era solo mi mascota. Por eso muchos días volvía triste a casa, porque Pakito no se había asomado. Pero el día que daba uno de sus majestusosos saltos volvía feliz y ya no recordaba qué era lo que me preocupa, ni por qué había decidido ir en busca de Pakito.

Un cientifico analiza el cadaver del delfín Pakito

Un miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi toma medidas del cadáver de Pakito. (Foto: EFE)

Pero ahora Pakito no está. Un día decidió marcharse al puerto de Pasajes, lo cual no fue un problema, seguía cerca. Pero de repente se acabó todo para Pakito.El delfín mular  apareció muerto en San Pedro, al parecer como consecuencia de una infección de pulmón. Yo no me acostumbro a su ausencia. Hoy es el día en el que paso por el puerto y me detengo con la esperanza de que Pakito dé otro de sus espectaculares saltos, y así pueda volver a casa satisfecha y sin ninguna preocupación. Mi imaginación sigue tan viva como cuando era pequeña y por eso para mí Pakito sigue en La Concha.

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3 pensamientos en “De mascota un delfín llamado Pakito

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