Verano a la donostiarra

Amanece soleado hoy en Donosti. Pero no te engañes, probablemete en media hora esa esfera resplandeciente que con tan poca frecuencia vemos, se esconda bajo un manto de nubes negras que, en cuestión de minutos, descargarán gotas de agua, convirtiendo una mañana de playa en un bonito, pero gris, día de verano a la donostiarrra.

Nubarrones negros sobre la playa de la Concha en Donostia - San Sebastián

Y no es que me haya despertado con el pie izquierdo y esté pesimista. Simplemente es lo que nos ha tocado vivir. Aquí lo de hacer planes con 24 horas de antelación no se lleva, mas que nada porque no resulta factible. En Donosti tenemos que vivir cual embarazada recien salida de cuentas que puede parir en cualquier momento: con la bolsa preparada. Eso si, cambiaremos el camisón y las pantuflas por el bañador y la toalla. Pero siempre apunto para que, encuanto salga el sol, podamos salir corriendo antes de que vuelva a nublarse.

Sí, es lo que nos ha tocado vivir: lucir un bonito blanco nuclear en verano para poder pasar desapercibidos entre los guiris que vienen a visitar nuestra ciudad y que, por cierto, suelen sentirse como en casa, almenos los alemanes y los ingleses.

Playa de Ondarreta en verano. Fotografía de Turismo San Sebastián

Playa de Ondarreta en verano. Fotografía de Turismo San Sebastián

La verdad es que se me había olvidado lo que era no poder lucir moreno hasta que sales de la ciudad unos días. Ahora entiendo las llamadas de desesperación de mi familia durante los meses de verano: “Llevamos dos semanas sin ver el sol”, “¡No he estrenado aún las sandalias!” o “Quiero pisar la arena de una vez”. Llamadas de socorro que ahora hago yo también y que, además, me hacen de nuevo echar la vista atrás y recordar esas tardes de playa en las que, de repente y sin previo aviso, tenías que salvaguardarte como podías en los bajos de la playa de la Concha. O te veías obligada a esquivar con las chanclas los charcos que se acababan de formar en cuestión de minutos.

Detalle de las gotas de lluvia cayendo sobre un charco

Pero, ¿qué quereis que os diga? Para mí el verano a la donostiarra tiene su encanto. Y hasta eso se llega a echar de menos cuando estás fuera. Esas galernas repentinas en la playa, o esos baños en el Cantábrico mientras empieza a llover. ¡Son los mejores! Y sí, puede que éste sea el verano en el que menos morena esté mi piel, pero no puedo evitar que en el fondo la lluvia me guste. Porque la lluvia en Donosti no es igual que en otros sitios. La llluvia te moja de distinta forma y desprende un olor diferente. Ya os dije en una ocasión que las olas del mar producen para mí el mejor sonido del mundo , y os puedo asegurar que la lluvia cayendo sobre el paraguas puede llegar a convertirse en otro sonido muy significativo, quizá ese sea mi segundo mejor sonido del mundo.

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